La fuerte recesión, la apertura de importaciones y la constante suba de los costos operativos configuraron un escenario crítico para el entramado productivo en Argentina. Según datos oficiales recopilados por la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) y difundidos por centros especializados, la gestión de Javier Milei registra el cierre de más de 31.000 empresas, lo que equivale a la preocupante destrucción promedio de decenas de firmas por día. Esta contracción supera incluso los registros de crisis históricas y destruyó más de 246.000 puestos de trabajo privados registrados, con la industria manufacturera y la construcción como los rubros más castigados.
EL ÉXODO A BRASIL: GIGANTES, PYMES Y EL SECTOR AUTOPARTISTA
Frente a una drástica caída del consumo interno, múltiples compañías optaron por trasladar sus líneas de producción o abastecerse directamente desde el socio mayor del Mercosur, donde encuentran costos más previsibles y mayor escala de mercado. En esta ola de reconversiones, los casos de grandes firmas se multiplican: Whirlpool tomó la drástica decisión de cerrar su moderna planta de Pilar para concentrar toda su fabricación en Río Claro, Brasil. En la misma sintonía se ubicaron Moura, la emblemática productora de baterías para autos que mudó su actividad al suelo brasileño, y Lumilagro, la histórica fábrica de termos que debió apagar líneas locales para empezar a importar componentes clave.
Sin embargo, el fenómeno golpea con igual dureza a un entramado silencioso de pequeñas y medianas empresas (PyMEs) y talleres metalúrgicos, registrándose casi 1.000 firmas menos activas dentro de la actividad metalmecánica en solo un año. El sector autopartista pyme, ante la oleada de componentes importados y la quita de incentivos, se está achicando a pasos agigantados, forzando ya el cierre de unas 10 firmas autopartistas de mediana escala. Ejemplos concretos en las redes grafican esta preocupante foto:
Adient (Santa Fe):
La firma estadounidense proveedora de asientos y componentes automotrices anunció el cierre definitivo de su planta local para concentrar sus operaciones y abastecer el mercado directamente desde Brasil.
Vaspia:
Tradicional PyME metalúrgica que, ante el desplome de pedidos, se vio obligada a implementar planes de desvinculación masiva para recortar personal al mínimo y apenas intentar sostener una fracción de su producción.
Metalúrgicas de Alvear (Santa Fe):
Talleres pymes dedicados a la fabricación de acoplados, bateas y semirremolques —que previamente llegaban a exportar a Brasil— denunciaron en redes la paralización de sus naves, reduciendo estructuras de cientos de obreros en doble turno a la fabricación marginal de media batea diaria por falta de demanda interna.
Muchos microempresarios locales terminaron reconvirtiendo sus estructuras en simples oficinas administrativas, transformándose de fabricantes en meros importadores que revenden lo producido en el exterior.
El efecto dominó: El drama del empleo directo e indirecto
Este fenómeno de “importar en lugar de fabricar” provoca un impacto devastador en el tejido laboral, dividiéndose en dos frentes igual de graves. Por un lado, la pérdida del empleo directo golpea a los operarios de planta que se quedan sin ingresos de un día para el otro. Por el otro, el verdadero drama invisible ocurre con el empleo indirecto: según advierten entidades como la Asociación de Industriales Metalúrgicos (ADIMRA), las grandes terminales reducen drásticamente su cadena de contratos tercerizados, hundiendo en un efecto dominó a los pequeños talleres mecánicos y de forja de barrio que empleaban a 4 o 5 trabajadores y hoy apenas logran sostener a dos. Caen de forma automática transportistas, proveedores de insumos, talleres de matrices y la economía comercial de los barrios, secando por completo el circuito local.
EL CASO TESTIGO: EL FIN DE LOS RULEMANES NACIONALES EN TORTUGUITAS
Como corolario y ejemplo más doloroso de esta foto de época, el caso testigo lo protagoniza SKF, el gigante multinacional sueco líder en la fabricación de rodamientos (rulemanes). Con presencia en el país desde hace más de un siglo, la firma anunció el cierre definitivo de su histórica planta de Tortuguitas tras 50 años de producción local. La decisión significó el despido de sus operarios metalúrgicos, quienes denunciaron haberse enterado de la pérdida de sus puestos a través de un video corporativo en las plataformas digitales. SKF desmanteló sus naves productivas y reconfiguró toda su estructura para convertirse estrictamente en una empresa importadora que traerá las piezas terminadas desde complejos localizados en Brasil y otros mercados del exterior. La imagen del remate de maquinaria pesada vendida como chatarra ilustra con fuerza el retroceso de la industria nacional.
¡Sumate al debate! Con el cierre de fábricas tradicionales y la caída de talleres metalúrgicos clave que abastecían a marcas como SKF, Whirlpool o Adient, ¿notás la pérdida de empleo en las zonas industriales pymes o comercios locales? Dejanos tu mensaje en las redes o mandanos un audio a la radio. ¡Te leemos al aire! ![]()
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