ÉXODO DEL COLECTIVO EN SAN VICENTE, GUERNICA Y ALEJANDRO KORN: POR LOS AUMENTOS Y EL RECORTE DE FRECUENCIAS, LOS VIAJES CAYERON UN 22%
La combinación entre el tarifazo y la quita de unidades por parte de las empresas transformó al transporte público en un bien de lujo. Las paradas de las líneas 51, 79, 404 y 503 muestran filas récord y esperas de hasta una hora. Los vecinos migran a la bicicleta y a las motos para no perder el presentismo laboral.
Por Redacción Periodística
El paisaje diario en los centros de transbordo del sur del Conurbano profundo cambió de forma drástica. Las postales de las estaciones de Alejandro Korn y Guernica, que solían registrar un flujo constante y ordenado de pasajeros, hoy exhiben largas filas que superan los cien metros y rostros de resignación. Viajar en colectivo por los partidos de San Vicente y Presidente Perón ya no es una rutina accesible: para miles de trabajadores y estudiantes, se convirtió en una odisea costosa y, para muchos otros, en un servicio directamente prohibitivo.
Según los últimos datos sectoriales de la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor (AAETA), la cantidad de pasajeros en las líneas de jurisdicción provincial de Buenos Aires se desplomó un 22,6% interanual en los días hábiles. El dato expone una realidad ineludible: una quinta parte de la población de la región dejó de subirse al colectivo por no poder afrontar el costo del boleto o por buscar alternativas ante el colapso del servicio.
El bolsillo manda: del viaje masivo al uso indispensable
El fuerte incremento tarifario, que acumuló una suba del 117,31% interanual en los boletos provinciales, desconfiguró la economía familiar en los barrios periféricos. Hoy, un hogar promedio del AMBA necesita destinar $121.031 por mes para cubrir sus viáticos, frente a los $69.783 que gastaba un año atrás.
Este impacto económico provocó que el colectivo pasara de ser un transporte de uso general a uno exclusivamente laboral. El desplome de la demanda es elocuente cuando se analizan los fines de semana: los sábados el uso cayó un 21,3%, mientras que los domingos se derrumbó un 35,8%. Los viajes recreativos, las visitas a familiares o las salidas de compras sencillamente desaparecieron de la agenda de los vecinos de San Vicente, Guernica y Alejandro Korn.
Menos unidades en la calle y frecuencias “fantasma”
A la caída de la demanda se le suma el drástico recorte de la oferta. Argumentando el congelamiento de los subsidios estatales y el aumento en el precio del gasoil, las empresas operan con reducciones de frecuencia de entre el 30% y el 40%. A nivel general, la cantidad de kilómetros recorridos por las unidades en el AMBA se contrajo un 8,9%, ensañándose con el tercer cordón de la provincia.
La firma local Empresa San Vicente SAT es una de las más afectadas por la reestructuración, lo que repercute directamente en sus ramales más utilizados:
Línea 51 (Constitución – San Vicente): Registra baches temporales sin servicio y cancelaciones intermitentes en la hora pico de la tarde, complicando el regreso desde Capital Federal.
Líneas 79 y 435: Trabajan con hasta un 30% menos de colectivos en la calle, extendiendo los tiempos de espera habituales.
Línea Comunal 503: El servicio clave que une el centro de San Vicente con la estación ferroviaria de Alejandro Korn duplicó sus tiempos de demora, aislando a los barrios periféricos.
Línea 388 (Alejandro Korn – Brandsen): Sufrió recortes severos debido a las dificultades patronales para garantizar el abastecimiento de combustible.
Transportes del Sur: la odisea de las líneas 404 y 200
El achique de frecuencias también golpea con dureza a la Empresa Transportes del Sur SRL, la otra gran prestataria responsable de vertebrar la conectividad vecinal del corredor.
La emblemática Línea 404 (Glew – Guernica – San Vicente), clave para el traslado diario, comercial y de estudiantes secundarios y universitarios, opera con demoras que promedian los 25 a 35 minutos fuera de la hora pico debido a la retirada de coches de circulación. El colapso es total los fines de semana, cuando la frecuencia se estira en un rango de entre 45 y 80 minutos entre unidad, dejando paradas vacías durante largas franjas horarias y obligando a los usuarios a afrontar boletos mínimos provinciales que ya perforaron los $1.463 en tramos largos.
Por su parte, la Línea 200 (Estación Glew – Alejandro Korn – Ruta 6 – Canning), vital para los trabajadores que se dirigen hacia los polos industriales y logísticos de la Ruta 6 o la zona comercial de Canning, sufre una severa quita de unidades en su grilla diaria. Sus frecuencias actuales promedian los 50 minutos, y los usuarios denuncian la virtual desaparición de los servicios de refuerzo matutinos y de las últimas vueltas de la madrugada, dejando desprotegidos a quienes ingresan o salen de las fábricas en horarios nocturnos.
Romper el presentismo: el impacto social
“Antes sabía que el 503 o el 404 pasaban rápido; ahora puedo estar parada cuarenta minutos en la esquina de la Ruta 210 y el colectivo no viene. Para colmo, cuando llega pasa lleno y no te para. Termino perdiendo el tren en Korn o la combinación en Guernica y llego tarde a la fábrica”, relata Estela, vecina de la región.
La falta de sincronización provocada por las demoras de los colectivos rompe la combinación vital con el Tren Roca. Esto se traduce en un problema recurrente para los usuarios: la pérdida del beneficio por presentismo y los descuentos salariales en sus puestos de trabajo debido a los retrasos sistemáticos.
Ante este escenario de asfixia económica y logística, las calles de la región evidencian un fenómeno de migración forzada. Las paradas vacías contrastan con el notable aumento de bicicletas, motocicletas de baja cilindrada y el crecimiento exponencial del uso compartido de aplicaciones de transporte en su versión de dos ruedas (“Uber moto”), alternativas que los vecinos eligen para recuperar el control de su tiempo, aunque implique un riesgo mayor para su seguridad vial.
El transporte público en el sur del Gran Buenos Aires atraviesa una de sus crisis más profundas. Entre la imposibilidad de pagar el boleto y las empresas que guardan unidades para reducir costos, los vecinos de San Vicente, Guernica y Alejandro Korn quedan atrapados en una encrucijada donde moverse para trabajar cuesta cada día más.


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